miércoles, 4 de diciembre de 2013

PAPELERAS EN MIJAS (parte 2)

EL PAPEL DE LECHOS
Uno de los más famosos productos agrícolas malagueños fue la pasa, que tuvo una gran demanda y generó un inmenso desarrollo, durante casi todo el siglo XIX en los batanes de  papel de la costa, y sobre todo en los de Mijas. La pasa es la uva disecada por la acción del sol. En Málaga se usó principalmente la moscatel, y también la larga. El sistema que se empleaba, y se emplea, en la provincia fue el de secado por el sol. La acción del aire y el sol  arrugan esta fruta, evaporando la parte acuosa que puede oponerse a su conservación y dejándola azucarada dentro de la película, que se pone flexible y suave. Estas se colocaban en los paseros, a los que se les construían toldos con lona o madera, que las preservaban de los efectos de la noche y en los días lluviosos. Este procedimiento, o sea, el natural, es el que ofrecía los mejores resultados y así las pasas de Málaga fueron consideradas irremplazables y adquirieron fama universal. Lamentablemente la filoxera de julio de 1878  batió la provincia de Málaga, y aceleró junto con otros factores la decadencia de la industria papelera. El tipo de papel que se utilizaba como soporte y envoltorio de la pasa era el llamado “papel de lechos” que fue el de mayor utilidad en la provincia, y que anunciaban y vendían,  parte de los fabricantes a pie de fábrica y en sus tiendas, los almacenistas de venta por mayor y menor de la ciudad. Los fabricantes catalanes Poch y Creixell, radicados con comercio e imprenta en Málaga, se refieren a esta suerte, como el “exquisito papel de lechos”.
Este papel se colocaba en el fondo del cajón, caja, o estuches llamados “catites” en sucesivas capas de papel, formando una cama, colchón o lecho, donde luego se disponían los racimos de pasas alternativamente, aunque había un formato generalizado en el que variaba la riqueza de su decoración.
Hoy queda una mínima expresión, pero suficiente para admirar e imaginarnos la riqueza
y variedad de los diseños que se produjeron19. La calidad del papel usado varió desde el de estraza, verjurados y como simple lecho, hasta los más finos blancos continuos en los envases litografiados de súper lujo.

FUERZA MOTRIZ
Los factores esenciales en la industria papelera eran el suministro de agua, las materias
primas y la posibilidad de contar con mano de obra especializada. Debemos saber que no bastaba que se encontrase en abundancia, sino que, además, debía reunir cualidades de limpieza y ricas en cal, como una condición primordial. Esta pureza condicionaba la blancura del papel, ya que si venía sucia, con tierra o tintes, sólo se podía utilizar para el papel de estraza, que por el contrario en este caso veía favorecida su calidad.
A partir de fines del siglo XVII y durante el XVIII y XIX se crean situaciones problemáticas
sobre la utilización del agua para el riego de tierras, y por lo tanto, hacer rentable los cultivos.
Algunos vecinos capitalizaban el privilegio de posibilitar el pasaje del agua, cobrando muchos
reales para el riego. Se aclara también que las aguas usadas en el molino sólo podían conducirlas luego a los otros hacendados para riego. Otra especulación fue privatizar el agua acaparándola en represas, creando por lo tanto muchas tensiones y llegándose a procesar a los especuladores. Sin embargo, el agua era abundante y permanente, incrementada al avanzar el siglo XIX con el descubrimiento de nuevos nacimientos y el aprovechamiento reglamentado por los alcaldes del agua de los cauces y remanentes según la importancia, y por lo tanto las necesidades por el aumento de la producción molinera, agrícola y sobre todo la papelera. En general, ante la solicitud de apertura de un batán, se hacía un estudio del potencial de las aguas y si el nuevo uso requerido no podía causar perjuicio “al común o a otros particulares” se autorizaba. En el partido de Osunilla donde se encontraban la mayoría de los molinos había sido, desde el principio, canalizado hasta éstos las aguas de los nacimientos llamados “las Pavitas” y “el Pantano”, cercano éste a la ermita de San Antón, llamado antiguamente “el de la fuente de Osunilla”.
Por lo tanto la abundancia en Mijas fue un factor muy importante ya que determinó la continuidad de la producción de las tinas en cantidad.

MATERIAS PRIMAS
El trapo había sido y era desde la edad media la materia única y por lo tanto imprescindible.
Siempre escasa para proveer y satisfacer la demanda de los molinos papeleros españoles que durante mucho tiempo carecerán de éstos porque se priorizó su exportación a Génova, el gran productor de papel sellado para la Corona. Precisamente esa escasez crónica, y agravada, además, a partir de la generalización del cilindro holandés, conducirá a Occidente en el siglo XVIII a imaginar sucedáneos vegetales hasta llegar a la madera, a mediados del XIX, precipitando su entrada en la era industrial. Según el Censo de 1799 se necesitaba para
elaborar una resma de papel sellado.
Reiteradas prohibiciones de la extracción del trapo por parte de los mercaderes y fabricantes extranjeros, y órdenes para que el recogido en las colonias fuese traído a la metrópoli, privilegios a ciertos fabricantes para poder reservarse el recogido de tal ciudad o región, hacían de estos raídos, usados y sucios restos de lino, algodón y cáñamo, un bien, más que preciado, absolutamente necesario para esta industria.
El trapo era la materia prima fundamental para la elaboración del papel como ya se ha repetido y su costo de vital importancia.
Los pequeños y recién creados batanes de la costa de Málaga a finales del XVIII y principios del XIX sufrieron la causa de esta inflación, aunque los trapos requeridos en la mayoría de los  batanes eran de calidad inferior, como reducido el consumo de cola, ya que el grueso de su producción fue el papel de estraza. De todas maneras, en este aspecto, la proximidad de las  energías de Arroyo de la Miel y Mijas y de la capital favorecía la compra de las carnazas, material para hacer la cola.


Choza de traperos a finales del siglo XIX en Mijas, Málaga

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