LOS PRIMEROS BATANES PAPELEROS
Los primeros batanes de papel de Mijas, según el primer registro
documental encontrado, corresponden a la última década del siglo XVIII y eran
propiedad de Francisco Saénz de Tejada. Por los términos del contrato de arrendamiento, éstos
estaban activos como mínimo una década antes, o sea, a partir de 1790. La Real Cédula de
Carlos III del 26 de octubre de 1780 concediendo diferentes gracias y franquicias para el
fomento de todas las fábricas de papel de estos reinos, coincide con la creación de otros
molinos de papel de la provincia.
Los batanes eran alimentados por los nacimientos de ríos y
arroyos que conducían sus aguas al cauz o canal, cayendo y presionando
sobre una rueda que al golpearla hacia contrapeso poniendo en movimiento el
árbol de transmisión. Éste transfería el movimiento a una serie de mazos de
madera, que en sus extremos estaban herrados con diferentes clavos. Estos mazos
batían dentro de unas pilas de piedra sobre una base metálica, hasta lograr un
total y controlado desfibramiento de los trapos de lino y cáñamo, y otras
materias útiles, oportunamente preparados, en un caldo o pasta de aspecto
lechoso. La forma y la dimensión de los clavos de los mazos determinaban la
consistencia de la pasta y en consecuencia el gramaje de la hoja de papel a
formar o producir.
EL PROYECTO MIJEÑO
El proyecto productivo mijeño estaba fundamentalmente basado en
la fuerza del trabajo impulsado por el extraordinario desarrollo de la industria,
el comercio y la demanda malagueña, compuesto de todos los aspectos materiales que pertenecen al
proceso de producción: el tiempo, los materiales a emplear y demás fórmulas
contractuales en donde la figura del maestro, que en la práctica gobierna el
batán, oscilaba entre el hacedor de la manufactura y el autónomo agente comercial
de su producto.
Ésta consistía principalmente en el abastecimiento de la materia
prima, controlar el régimen
de agua, con el componente meteorológico que incidía casi
siempre en el producto final, y lo
más importante, la supeditación a la demanda y oferta, o sea, la
venta del producto.
LA ESPECIALIZACIÓN PAPELERA MIJEÑA
El grueso del papel que se producía en la costa se utilizaba
principalmente en el empaquetado del limón, los pilones de azúcar, la especieria, las prensas de
lana o seda, y principalmente en la pasa, los higos secos, entre otros muchos frutos y
mercancías. Para imprenta, escritura y estampas, que a partir de mediados del siglo XIX fomentará la
creación de fábricas de envases y el desarrollo de varios talleres litográficos que se
ocuparán de imprimir los carteles, etiquetas y el famoso papel de lechos.

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