miércoles, 27 de noviembre de 2013

PAPELERAS EN MIJAS (parte 1)

LOS PRIMEROS BATANES PAPELEROS
        Los primeros batanes de papel de Mijas, según el primer registro documental encontrado, corresponden a la última década del siglo XVIII y eran propiedad de Francisco Saénz de Tejada. Por los términos del contrato de arrendamiento, éstos estaban activos como mínimo una década antes, o sea, a partir de 1790. La Real Cédula de Carlos III del 26 de octubre de 1780 concediendo diferentes gracias y franquicias para el fomento de todas las fábricas de papel de estos reinos, coincide con la creación de otros molinos de papel de la provincia.

        Los batanes eran alimentados por los nacimientos de ríos y arroyos que conducían sus aguas al cauz o canal, cayendo y presionando sobre una rueda que al golpearla hacia contrapeso poniendo en movimiento el árbol de transmisión. Éste transfería el movimiento a una serie de mazos de madera, que en sus extremos estaban herrados con diferentes clavos. Estos mazos batían dentro de unas pilas de piedra sobre una base metálica, hasta lograr un total y controlado desfibramiento de los trapos de lino y cáñamo, y otras materias útiles, oportunamente preparados, en un caldo o pasta de aspecto lechoso. La forma y la dimensión de los clavos de los mazos determinaban la consistencia de la pasta y en consecuencia el gramaje de la hoja de papel a formar o producir.

EL PROYECTO MIJEÑO
        El proyecto productivo mijeño estaba fundamentalmente basado en la fuerza del trabajo impulsado por el extraordinario desarrollo de la industria, el comercio y la demanda malagueña, compuesto de todos los aspectos materiales que pertenecen al proceso de producción: el tiempo, los materiales a emplear y demás fórmulas contractuales en donde la figura del maestro, que en la práctica gobierna el batán, oscilaba entre el hacedor de la manufactura y el autónomo agente comercial de su producto. 
Ésta consistía principalmente en el abastecimiento de la materia prima, controlar el régimen
de agua, con el componente meteorológico que incidía casi siempre en el producto final, y lo
más importante, la supeditación a la demanda y oferta, o sea, la venta del producto.

LA ESPECIALIZACIÓN PAPELERA MIJEÑA
        El grueso del papel que se producía en la costa se utilizaba principalmente en el empaquetado del limón, los pilones de azúcar, la especieria, las prensas de lana o seda, y principalmente en la pasa, los higos secos, entre otros muchos frutos y mercancías. Para imprenta, escritura y estampas, que a partir de mediados del siglo XIX fomentará la creación de fábricas de envases y el desarrollo de varios talleres litográficos que se ocuparán de imprimir los carteles, etiquetas y el famoso papel de lechos.